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MUERTE SÚBITA: LA DEFORESTACIÓN LIGADA AL POSCONFLICTO

MUERTE SÚBITA.

La deforestación llegó a records que superan en promedio las 24.000 hectáreas arrasadas al año. La aplicación de los Acuerdos de Paz en el Meta debe tener en cuenta el medio ambiente, tema que no causó polémica, pero que tampoco se abordó de manera concreta en los diálogos.

El cedro mure es un árbol cuya madera tiene algo especial: Las capas que conforman su estructura interna hacen que genere poco desperdicio cuando se trabaja en ebanistería, por lo que es muy rendidor en la industria de muebles. Por su parte el flor morado llanero, otra especie abundante en el Meta, tiene la particularidad de ser duro como el acero pero liviano como una pluma. Es un roble resistente a la humedad y fácilmente maleable en talleres de carpintería.

Estos árboles son apenas dos de las especies que más se comercializan de manera ilegal en el Meta. Solo durante el segundo puente festivo de noviembre, la Policía incautó 26 metros cúbicos de este tipo de madera, provenientes del sur del departamento. Apenas diez días antes, el 4 de noviembre, el Ejército también había hallado, en una zona rural de Planas, 82 metros cúbicos de madera apilados en 832 bloques, en las sabanas de Puerto Gaitán.

Cada metro cúbico puede llegar a costar $50.000 en el mercado ilegal, por lo que arriesgar a ser judicializado por solo $1.300.000 o $4.100.000 no tendría mucho sentido, en especial cuando muchos en la región conservan la ‘cultura traqueta’ de gastarse ese dinero en una noche de trago y mujeres cuando se sembraba coca. Sin embargo, la realidad ha cambiado. La droga es más perseguida por las autoridades y quienes se acostumbraron a la ilegalidad ven en el tráfico de madera una oportunidad para seguir ganando dinero al venderla por volúmenes altos.

“La madera está ahí. Es solo ir por ella y algunos depósitos prefieren la ilegal porque es más barata y a las autoridades les es difícil seguirle la pista”, admite un investigador de la Sijín.

Lo cierto es que fenómenos como este tráfico masivo de recursos naturales tienen al Meta con la tasa más alta en deforestación del país. En promedio cada año arrasamos 24.924 hectáreas de bosques, según un estudio elaborado entre Cormacarena y el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (Sinchi). En total, en los últimos 20 años acabamos en este departamento con 645.650 hectáreas de bosques y selvas.

FUENTE: IDEAM. /ALERTAS TEMPRANAS

Nuevos colonos

Pero los investigadores advirtieron otro fenómeno, esta vez ligado con la dinámica de la guerra en el Meta: Desde el 2012, cuando empezaron los diálogos de La Habana entre el Gobierno y las Farc, el IDEAM empezó a generar alertas tempranas sobre el incremento de la deforestación en esta zona del país. Mientras que en ese  documento inicial de advertencia nuestro departamento aún no era mencionado, para el segundo semestre del 2013 ya apareció como el tercer foco con más municipios en alertas tempranas.

(http://documentacion.ideam.gov.co/openbiblio/bvirtual/022695/Alertastempranasdedeforestacionsegundoboletin.pdf)

“Los traficantes de madera antes no iban manigua adentro porque podían toparse de frente con un combate y quedar en medio del fuego cruzado. Ahora hay zonas donde hace años no se aparece un guerrillero y hay patrullajes de la Fuerza Pública, destaca Ofer Sánchez, un campesino de Cubarral, beneficiario del programa BanCO2 en el que recibe un auxilio económico por proteger el bosque. Casi.2.000 hectáreas de bosques son protegidas en el Meta con esta estrategia de pago por compensación de carbono.

Lo cierto es que para los ambientalistas, la deforestación tiene varios motores, uno de ellos es que a medida que hay más desarrollo, el hombre tiende a depredar más sus bosques. Ahora, ocurre que las áreas más sensibles al conflicto armado y donde tenían lugar los teatros de operaciones militares, fueron las primeras donde el conflicto bajó de nivel y donde empezaron a llegar inversiones estatales para que los campesinos no se desplazaran.

“El desescalamiento del conflicto trajo consigo que más colonos vieran la posibilidad de conquistar nuevos territorios, en especial para extender la ganadería”, explicó Manlio Vargas, coordinador del Grupo Biótico de Cormacarena.

Y las estadísticas parecen tener la razón: Para el año 2009, las inversiones sociales del Plan Consolidación en la zona de La Macarena, Vista Hermosa, Mesetas y Uribe eran cercanas a los 360.000 millones de pesos. (http://ccai-colombia.org/files/primarydocs/200911balc.pdf)

El desarrollo de nuevas infraestructuras viales, echadas a andar por el Gobierno Nacional y el Departamento, es fruto también de ese desescalonamiento de la guerra en el territorio y se ubica como una de las causas de deforestación, según el informe de alertas tempranas del IDEAM. (http://documentacion.ideam.gov.co/openbiblio/bvirtual/023530/boletin_deforestacion.pdf)

La situación es tan evidente que incluso un estudio del PNUD que fue presentado a la Mesa de Diálogo de La Habana, también advierte que las áreas donde se empezó a desactivar el conflicto, fueron las que luego aparecieron como las más deforestadas:

“Las alertas tempranas de deforestación del país, según el IDEAM y el Ministerio del Medio Ambiente (2014) se dan con mayor intensidad en aquellas zonas donde la frontera agropecuaria aún no está consolidada. Muchas coinciden con los municipios priorizados en el posacuerdo según las Naciones Unidas”, reza el documento llamado ‘Consideraciones ambientales para la construcción de una paz territorial estable, duradera y sostenible en Colombia’. (http://www.co.undp.org/content/dam/colombia/docs/MedioAmbiente/undp-co-pazyambiente-2015.pdf)

La guerra mantenía infranqueable una frontera natural en donde solo militares y guerrilleros llegaban a combatir. Con una mayor seguridad de no quedar en medio de las balas, poco a poco los campesinos fueron invadiendo más montañas y selvas para ampliar ganadería y cultivos. El documento del PNUD menciona que todo el Ariari, Sur del Meta y Puerto Gaitán están en zonas de prioridad alta o media alta por la deforestación.

“Venimos advirtiendo por la deforestación en municipios como La Macarena y en el Ariari. Esta es una de nuestras más grandes preocupaciones y tomaremos los correctivos necesarios, empezando por adoptar una cultura articulada con esos municipios. Los seres humanos no hemos tomado en serio el medio ambiente”, dijo la gobernadora de Meta, quien ratificó que esta debe ser una de las prioridades en la implementación de los acuerdos de paz en esta región.

El coordinador del Grupo Biótico de Cormacarena afirma que desde la institucionalidad se trabaja en crear acuerdos como el Pacto Intersectorial por la Madera, con el fin de promover el consumo de madera legal y hacer un uso sostenible de este recurso.

Sin embargo advierte que la ganadería extensiva sin control es una amenaza mayor ahora que muchos territorios van a pacificarse con la implementación de los acuerdos de paz en esta región. Los ganaderos que fueron erradicados por la subversión en tiempos de la zona de distensión, volverán y podrían expandir esa frontera ganadera.

“Es una mentira que los ganaderos somos los que más depredamos los bosques. Esa es una creencia porque siempre buscan a quién culpar. De hecho, mientras el Ministerio de Agricultura da unas pautas en las que en promedio se puede tener en el Meta 0,34 cabezas de ganado por hectárea, gracias a nuestros procesos de mejoramiento tenemos dos cabezas en zona del Piedemonte Llanero y hasta 4 reses en área de sabana. No somos los deforestadores”, enfatiza Eduardo Arias, Gerente del Comité de Ganaderos del Meta.

El dirigente gremial agregó no es bueno buscar culpables, sobre todo cuando el mismo Estado promovió hace muchos años la colonización de este territorio.

Por ahora, parece que la prevención o el uso sostenible de los bosques, es la mejor estrategia para preservarlos: “Reforestar es muy costoso. Recuperar una sola hectárea cuesta $6 millones y no se compensa con esas altas tasas de deforestación”, dice Vargas.

Cormacarena en un año reforesta más de 1.000 hectáreas, pero se arrasan 24 veces más esa cantidad en 12 meses. En 12 años, solo en el área amazónica del Meta se pasó de 35.788 hectáreas deforestadas en 2002 (7,4%) a 49.496 en 2014 (10,24%).

“Trabajamos en la estrategia de ‘Colegios amigos del Medio Ambiente’ pero necesitamos articularnos con la comunidad. Los viajes que hacemos a La Macarena y a Vista Hermosa nos dejan muy preocupados porque están muy deforestados. Aquí debemos ser conscientes que la responsabilidad no es solo del Gobierno sino de la comunidad también”, puntualizó Marcela Amaya. 

Fuente: Periodico del meta.