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Guaviare, Tras un éxodo propiciado por la presión ejercida por los grupos violentos


la comunidad indígena Nukak Makú retornó a su hogar.
Un híbrido de costumbres ha sido la herencia que les dejó una larga estancia
fuera de su terruño. Sus costumbres permanecen intactas, pero la forma de “hacer
el fuego, la ropa, las ollas, los bombones, las pilas, las linternas, las
herramientas, la panela y hasta el guarapo” son el legado de los ritos
cotidianos de los “occidentalizados”.

Los Nukak Makú, última tribu nómada del mundo, decidieron regresar a su hábitat y esa disposición colectiva se materializó gracias al apoyo de instituciones del Estado que estuvieron vigilantes y les ofrecieron las mejores condiciones durante su estadía fuera de su territorio.

Para muchos miembros de la comunidad quedó un vaho de nostalgia al dejar un mundo que les ofreció una estampida de “placeres edulcorantes” que anestesiaron un poco la imagen ausente de su vida silvestre. Sin embargo, ya era hora de regresar a “la sombra, la variedad de especies para alimentarse, el silencio, la tranquilidad y la independencia de sus familias”.

“De los blancos extrañaremos muchas visitas, la gaseosa manzana, los dulces, los médicos y hasta las mujeres”, señaló Timiyoo Nukak, o Alexander Castro González, como se hizo llamar por los blancos.

La reincorporación será gradual; los caminantes emprenderán un viaje a los recodos y hondonadas de Wawinamapama, cerca al río Inírida, para recuperar las memorias que dejaron atrás entre las vertientes vivas de la selva.

Con apoyo informativo de la página en Internet de la Presidencia de la República de Colombia.