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FUERZA AÉREA

Una joven oficial llanera de la FAC se convirtió en la primera piloto de avión de combate en Latinoamérica.

La subteniente Liliana Paola Vergara Gutiérrez se graduó como piloto de Tucano. Su aspiración es comandar el legendario avión fantasma.
En medio de las noticias de orden público que rodearon al departamento del Meta durante dos semanas, la graduación de los pilotos en la base aérea de Apiay, en Villavicencio, pasó inadvertida para la mayoría de los medios de comunicación en el país.

Sin embargo, el pasado 14 de septiembre
fue un día muy especial para la subteniente Liliana Paola Vergara Gutiérrez y para la historia de la Fuerza Aérea Colombiana (FAC). Esta joven de apenas 25 años, que hace algunos años tuvo que recurrir a un préstamo en el Icetex para estudiar, se convirtió en la primera piloto de combate en Latinoamérica.

Ese día, mientras bajaba de la cabina, recordó la tarde cuando a su colegio en Villavicencio fueron algunos instructores de la FAC para invitar a las alumnas a inscribirse en el primer curso de oficiales mujeres de la institución. Fue así como ‘Llanera’ (el call sing o sobrenombre con la que la identifican en el aire sus colegas) dejó atrás su deseo de estudiar medicina. Tras aprobar los exámenes inició su carrera de piloto el 13 de enero de 1997 en la escuela de aviación Marco Fidel Suárez de Cali, donde estudió los primeros cuatro años.

“Este período fue el más difícil de la carrera debido a la exigencia y la disciplina militar. Eran jornadas muy duras de entrenamiento, y la separación de mi familia me deprimía”, contó a SEMANA.

Una crisis inesperada estuvo a punto de desanimarla: “Al morir mi padre de un cáncer, yo me encontraba en Cali y la soledad fue muy grande. En ese instante pensé en abandonar la escuela, pero recordé que él alguna vez me había dicho que cuando estuviera volando me iba a estar observando en las nubes”, recuerda la subteniente.

Pero resistió y tras sus cuatro primeros años, fue trasladada al frío de Bogotá en el Comando Aéreo de Transporte Militar (Catam), donde, aunque sabía que estaba más cerca de sus objetivos, faltaban tres largos años de ardua preparación.

Pocas aguantaron el ritmo: de las 34 mujeres que habían comenzado con ella en Cali, sólo se graduaron 16, siete se convirtieron en pilotos de otras aeronaves y ella, en la única piloto de un avión de combate.

El pasado primero de julio regresó nuevamente a Villavicencio, donde, en la base aérea de Apiay, inició la recta final de su preparación. En la prueba final, y luego de hacer todo tipo de maniobras, de soportar varias gravedades y de controlar el vértigo a 2.400 metros de altura y 370 kilómetros por hora, aún estaba nerviosa, pero tranquila.

Para el general Jorge Enrique Parga Parga, comandante de la Base Aérea de Apiay, la FAC está a la vanguardia de la aviación latinoamericana al incorporar mujeres en su cuerpo de pilotos: “Las damas siempre han demostrado ser buenas para todo, además debido al conflicto que estamos viviendo en Colombia es necesario contar con todo el recurso humano para poder salir triunfantes”, dijo a SEMANA.

Desde que se iniciaron los cursos para las mujeres en la Fuerza Aérea en 1997, ha habido un total de 50 de ellas que aspiran a graduarse como pilotos de aviones.

A la subteniente Vergara Gutiérrez le esperan todavía 14 misiones más antes de participar oficialmente de una operación militar, sin embargo está convencida de que la FAC tendrá la clave para desequilibrar la balanza del conflicto a favor del país y sus instituciones.

Su objetivo a corto plazo -dice- es poder ser instructora de un grupo de pilotos y algún día liderar una operación importante al comando del avión Fantasma, una de las insignias de la Fuerza Aérea.

Publicado por Semana.