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Entre el cuatro y el ocho de diciembre, se llevarán a cabo las ferias y fiestas de Arauca

Capachos y arpas anuncian la llegada de las festividades de Santa Bárbara. Entre sus atractivos está el Joropódromo, con 200 parejas de bailarines.

En las sabanas se empieza a escuchar el sonido del arpa altanera, que al compás de un pajarillo deja oír el zapateo del joropo. También se oye el mugir del ganado, el galope de los caballos y el discreto susurro de las olas del ‘Arauca vibrador’.

En el último mes, el joropo llegó a todos los rincones de la capital del departamento. En cada esquina de la ciudad un grupo se prepara para participar en las festividades. El abrebocas de lo que será la fiesta de Arauca fue la feria agropecuaria que se llevó a cabo el jueves pasado.

Por estos días, los araucanos preparan con el ‘liqui liqui’ (vestido de chaqueta y pantalón); afinan las 32 cuerdas del arpa y le sacan brillo a los capachos (maracas) para lucirlos en la presentación de los conjuntos.

Y no es para menos toda la preparación, la disciplina y la parafernalia. Este año, además de la fiesta joropera tradicional, se ha previsto un Joropódromo el 5 de diciembre, en el que participaran parejas de niños y adultos.

La capital albergará a más de 200 parejas de baile que tendrán que recorrer dos kilómetros del centro de la ciudad, danzando y demostrando cómo se baila en los diferentes departamentos de la Orinoquia colombiana. Nueve millones de pesos será el premio para la pareja que baile por más de 5 horas.

Claro que para bailar joropo, según los expertos, se requiere de tiempo y habilidad pues montar una danza tarda cerca de un mes, ensayando todos los días, y unos quince días más cuadrando el vestuario. Por eso las modistas también tienen trabajo.

Édgar Terán, director de la Academia La Bandola, escuela que en junio pasado ganó el Joropódromo en Villavicencio, en la modalidad infantil, cuenta que a él nadie le enseñó a bailar joropo, sino que aprendió viendo caminar las aves y animales del Llano, en la vereda El Caracol (Arauca), donde nació hace 31 años.

“Todos los pasos que le enseño a los niños que preparo los saco de observar la forma como camina una corocora (ave roja), una garza o cómo se sumerge un chigüiro en el agua. Por eso, vamos a participar porque considero que los niños responden para competir con adultos”, explica Terán, orgulloso de sus 36 alumnos entre los 5 y 12 años.