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Bogotá-Villavicencio: historia de una vía trágica e inconclusa

Ninguna otra en el país ha recibido una inversión semejante (800 mil millones de pesos), pero tampoco ha registrado tantas víctimas.

La muerte, el pasado 20 de junio, de Elsy Johana Avendaño Pérez y de Álvaro Gacharná Prieto, arrastrados por una avalancha de lodo y piedras en el punto La Estaqueca, en la vía al Llano, es la última comprobación de que a pesar de las enormes inversiones y los esfuerzos, aún falta mucho para que los 87 kilómetros que separan a Bogotá de Villavicencio sean una vía segura y definitiva.

Precisamente anteayer, 28 de junio, se cumplieron 30 años de la mayor tragedia ocurrida allí, cuando una avalancha de 600 mil metros cúbicos de lodo y piedra sepultó a unas 300 personas que llevaban dos días esperando a que les dieran vía. Fue la famosa Tragedia de Quebradablanca.

Diez y siete años después, en 1991, una piedra que cayó de la montaña mató al entonces alcalde de Villavicencio, Omar Vacca Hernández, cuando se desplazaba entre Bogotá y la capital del Meta. Ese mismo año la vía duró cerrada entre agosto y septiembre por una serie de derrumbes y desbordamientos de caños en los sectores conocidos como Chirajara, Quebrada Corrales y Casa de Teja.

Ese año quedó grabado en la memoria de los viajeros por imágenes como puentes colgantes, tarabitas y pasos improvisados por las empinadas laderas que ayudaron a no interrumpir del todo la movilización de carga y pasajeros.

La necesidad de construir una autopista al Llano se hizo prioritaria. En 1994, el entonces ministro de Transporte Juan Gómez Martínez firmó el contrato 444, al cual respaldó con la promesa de que en el futuro de Bogotá a Villavicencio nadie gastaría más de una hora y media.

Diez años después las cosas no han cambiado mucho, a pesar de la impresionante infraestructura con que cuenta la autopista entregada oficialmente en agosto del 2002, y que incluye dos túneles de 7 kilómetros de longitud, y 120 puentes entre los que se incluyen varios viaductos, uno de ellos (Pipiral) de 550 metros.

En los últimos 10 meses las avalanchas que han caído en un solo sitio (Kilómetro 46) han provocado siete días de cierres y unos 700 millones de pesos en pérdidas, según la Cámara de Comercio de Villavicencio (CCV).

30 años de la tragedia

El hoy director (e) de la territorial Meta del Invías es coincidencialmente un sobreviviente de la tragedia de Quebradablanca del 28 de junio del 74. Andrés Aníbal Corredor Matus era entonces un ingeniero del Ministerio de Obras Públicas.

“Una cuadrilla de obreros del Ministerio -recuerda él- trabajaba en la remoción de material que caía de la montaña, cuando desde arriba el ingeniero Santacruz avisó por radio teléfono que el asentamiento de tierra se movía y que la gente tenía que evacuar ya”.

En ese momento la vía estaba bloqueada y mucha gente protestaba porque llevaba dos días atrapada en el sitio. A la una de la tarde una caravana de por lo menos 10 vehículos había logrado pasar el retén que impedía el paso en Guayabetal. Traían una recomendación por escrito del gobernador del Meta, Julio Guevara Castro, de que los dejaran pasar, pues eran la delegación que iba para Pereira a hacerles barra a los deportistas que participaba en los Juegos Nacionales.

“Ellos pasaron y de inmediato los conductores de camiones, buses y carros que aguardaban allí se disgustaron y también empezaron a avanzar”, relata el ingeniero.

“Yo me angustié y empecé a avisarle a la Policía, a la gente y a los conductores de los vehículos que evacuaran el sitio, pero a cambio recibí insultos de los usuarios. En esas estaba cuando escuché el estruendo, volteé a mirar y vi una ola gigantesca de tierra que se venía hacia nosotros. Fue cuando decidí echarme la bendición y me recosté contra la montaña y me agarré ahí, dispuesto a morir porque no podía hacer nada más”.

Fatigado y con el corazón galopándole en el pecho, Corredor paró en la meseta de la ladera y miró hacia abajo y lo único que vio fue un enorme mar de lodo y un silencio aterrador.

::Publicado por::
Rubén Darío Romero Castro
Corresponsal de EL TIEMPO
Villavicencio.