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BATALLÓN 21 VARGAS ESTÁ SIENDO INVESTIGADO POR LA PROCURADURÍA POR UN PRESUNTO 'FALSO POSITIVO'

Los hechos ocurrieron el 13 de noviembre del 2002 en en la vereda La Esmeralda del municipio de El Castillo (Meta).

El hallazgo de una camisa verde de policía, un pantalón camuflado del Ejército y un equipo de campaña hecho de hule verde lleno de correas, en la tumba de su padre, sorprendió a Mary Jhoana Deaza Montiel cuando llegó el 14 de mayo del 2009 a exhumar los restos en el cementerio de San Martín.

Con esta vestimenta, de tallas más pequeñas a las utilizadas por él, lo encontró después de 6 años de búsqueda.

Desde que supieron que el 13 de noviembre del 2002 había sido asesinado en la vereda La Esmeralda del municipio de El Castillo (Meta) por tropas del Ejército, empezaron a preguntar por su cuerpo.

Sin embargo, hombres armados que se identificaron como de las autodefensas le impidieron a su hija subir hasta la entrada del Filo del Loro, en la misma vereda donde lo habían asesinado, y en donde le dijeron que estaba su padre muerto.

El temor hizo que Mary Johana suspendiera la búsqueda, hasta que el 27 de noviembre del 2007 decidió acudir a la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía.

Fue este despacho el que le notificó del hallazgo del cuerpo de su padre.

En la bóveda 27 del cementerio de San Martín reposaban desde hacía 6 años los restos de un NN, que resultó ser Deaza Toro.

Una prueba de ADN de la familia confrontada con los restos hallados en la tumba así lo certificó.

Los investigadores de Justicia y Paz de la Fiscalía pudieron constatar que el cuerpo sepultado en San Martín correspondía a Jesús Dairo Deaza Toro, de 44 años.

La confrontación de datos los llevó además a descubrir que el batallón de Infantería 21 Vargas informó sobre la muerte en combates de un hombre de similares características al que buscaban, pero informado como NN.

Así lo reconoció el propio batallón, que en comunicación fechada el 13 de mayo del 2009 autoriza a Medicina Legal para que le entregue a Mary Johana los restos de su padre.

En ese comunicado precisa que Deaza Toro murió “en enfrentamiento armado con tropas del Batallón de Infantería número 21 Vargas”.

Sin embargo, tanto su hija como su esposa Carmen Adriana Riaño Aguirre rechazan esos señalamientos.

Sostienen sus familiares que su esposo y padre era mecánico de profesión, que reparaba de todo, desde una bicicleta hasta una guadaña, una moto o un carro, oficio que le dio problemas porque llegaron a señalarlo de ser ‘el mecánico de la guerrilla’, lo que niegan sus parientes, y que a veces trabajaba al jornal.

Fuente: www.eltiempo.com